Descubrir significa encontrar, descubrir significa ver, aceptar, integrar, digerir, comparar; ante lo nuevo el cerebro responde con miedo, el cuerpo retrocede y como animal social actúa en colectivo; reglas consuetudinarias emulan la aceptación colectiva y definen los límites de nuestras creencias. Molde y copia son partes de la misma moneda, que muestra sus caras a conveniencia, colonos y colonizadores se asoman a las mismas profundidades de lo desconocido, y aplicando procesos de sustracción, desprendemos de las entrañas del territorio los conocimientos contenidos en los elementos, sin tener en cuenta la conexión ancestral y cósmica que en ellos está contenida.

Ires y venires, rutas y mapas, recorridos marcados que dan fe de la existencia del tiempo y el espacio, de un espacio atiborrado de pertenencias e intenciones y la cuerda se pliega una y otra vez, ayer se mezcla con hoy, hoy con mañana, acá con allá y así se fundan esos paraísos perdidos. Lugares inexplorados o muchas veces caminados que habitamos en la inconciencia en la perplejidad de lo inmediato, balsas transportan riquezas inconmensurables, inexplicables ritos sagrados resuenan en la madre tierra y ella no entiende de nuevo y de viejo, porque es ahora y era antes. Como es arriba es abajo, el hombre en si es un pequeño universo que se auto contiene y se auto regula e interactúa en infinita correspondencia con todo lo demás, de alguna manera ese hilo conductor sigue incólume ante el paso de los siglos que desde el punto de vista de la escala universal del tiempo han sido apenas dos minutos…

Ese reflejo que nos persigue, pero cada vez que volteamos no vemos; toda una línea de creencias y significados caen por el agujero de su madriguera y en ese caer no sabemos si sube o baja y cuanto de ello que cae impregna el atrás y el ahora produciendo ese choque de tensiones que genera a punta de contradicciones, ese yo múltiple y diverso, mestizaje, sangre, carne y hueso mezclados, ADN que deja ser y continua siendo.